El presidente Trump finaliza un viaje a China marcado por la distensión

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PEKÍN. El presidente estadounidense, Donald Trump, partió ayer desde el aeropuerto de Pekín con destino a Danang (Vietnam), tras un viaje oficial de tres días a China marcado por la distensión con su homólogo chino, Xi Jinping.

El Air Force One presidencial despegó de la capital china a las 09.15 hora local (01.15 GMT), y en su siguiente escala vietnamita Trump participará en la cumbre de líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC).

Un portavoz de la Casa Blanca señaló a los periodistas que acompañan a Trump en el avión que sigue sin confirmarse una posible reunión con el presidente ruso, Vladimir Putin, en Danang. “No hay nada fijado”, aseguró.

El viaje de Trump a Pekín, acompañado de su esposa Melania, fue su primera visita a este país, y sirvió para limar asperezas entre Pekín y Washington en cuestiones clave como las armas nucleares de Corea del Norte o las quejas de Estados Unidos por el enorme superávit comercial chino, pero también para establecer un camino de incremento de la cooperación en asuntos globales.

Trump y su esposa comenzaron su estancia en Pekín el miércoles en el marco incomparable de la Ciudad Prohibida, el antiguo palacio de los emperadores chinos, donde les dieron la bienvenida el presidente Xi Jinping y su esposa Peng Liyuan, un gesto nunca antes visto en el protocolo chino y que muestra la especial relación con EE.UU.

En una velada que Trump calificó en su cuenta de Twitter como “inolvidable”, los cuatro compartieron una taza de tradicional té, admiraron los progresos de la nieta del presidente estadounidense Arabella en el estudio del chino, asistieron a un espectáculo de ópera oriental y cenaron en la intimidad.

El jueves, en una jornada más centrada en la política y la economía bilateral, Xi y Trump se dieron cita en el Gran Palacio del Pueblo, sede del Legislativo, donde presidieron la firma de acuerdos bilaterales por más de 250.000 millones de dólares en sectores como el energético, el aeronáutico, el agrícola o el automovilístico, si bien buena parte de ellos son memorandos que posiblemente no lleguen a materializarse.

En los encuentros de ambos mandatarios ante los periodistas, Trump aprovechó para señalar que el déficit comercial que EE.UU. arrastra frente a China desde hace años no era culpa de la economía asiática sino de la mala gestión de previos Gobiernos en Washington, en uno de sus muchos guiños de apoyo a Xi.

En cambio, renovó sus presiones para que China aumente su papel en el aislamiento de Corea del Norte, señalando que el presidente Xi “puede solucionar fácil y rápidamente” la crisis provocada por las pruebas nucleares y balísticas del país vecino, dada la influencia del régimen comunista chino sobre el de Pyongyang.

Xi destacó por su parte el enorme potencial que las dos potencias tienen para colaborar en sectores como el comercial o el industrial,

y en este sentido pidió a Washington que facilite más la transferencia de tecnología, un sector en el que EE.UU. ha sido reacio a colaborar con China por temor al espionaje industrial.

La visita, que ha servido de respuesta a la que el presidente Xi llevó a cabo en la residencia de lujo de Trump en Mar-a-Lago (Florida) el pasado mes de abril, ha confirmado un buen momento en los lazos bilaterales de Pekín y Washington.

Ello contrasta con la situación de hace un año, cuando las amenazas del entonces candidato republicano contra China en campaña electoral o sus gestos de acercamiento a Taiwán apuntaban a que la relación entre los dos gigantes a ambos lados del Pacífico serían muy complicadas en los primeros meses de Administración Trump.